UN DOCTO CADÁVER
Me
contaron que hace mucho tiempo, en una aldea remota de los valles del Atlas,
una familia de pastores tenía catorce hijos. Eran muy pobres, la tierra no daba
lo suficiente y los rebaños no podían alimentar a toda la familia. Así, cuando
la madre dio a luz a su hijo decimoquinto, el padre decidió que no podían
hacerse cargo de él y que debían, tarde o temprano, abandonarlo.
El
niño fue creciendo y, cuando ya pudo caminar, su padre lo acompañó lejos del
valle, a otra aldea remota del Atlas, y lo dejó junto a la puerta de una casa,
marchándose después. Junto a la casa acertó a pasar un hombre sabio. Al ver al
niño abandonado, sintió lástima de él, y se lo llevó consigo. Juntos, siguieron
su camino, de pueblo en pueblo viviendo de cuanto la gente les ofrecía.
El
hombre sabio fue instruyendo al niño hasta trasmitirle toda su sabiduría, que
era abundante y reconocida. Le mostró las enseñanzas del Corán, el arte de
hacer versos, música y filosofía. Cuando murió, el niño se hizo cargo de su
cuerpo, lo enterró y, acto seguido, partió hacia la Meca. En la Meca, Medina y
El Cairo profundizó en sus estudios, leyó cuantos libros le servían para
acrecentar su sabiduría y, tras años de estudio, decidió un día, después de un
sueño revelador regresar a su tierra, regresar al Atlas.
Al
llegar al Atlas, vio que la gente de su tierra era, en su inmensa mayoría,
pobre y analfabeta. Y que, entre los más pobres y abandonados se hallaban los
pastores. En su valle natal decidió construir una pequeña casa de madera e
instruir a cuantos niños se acercaran a ella. Pronto corrió la fama de su
sabiduría, y las familias traían a sus hijos para que aquel hombre sabio los
instruyera. Los hijos así instruidos prosperaban después y ayudaban a sus
semejantes a hacer más prósperas sus aldeas. Su fama se acrecentó y pronto en
todo el Atlas su nombre fue conocido y nombrado con gran respeto. Su pequeña
casa de madera se convirtió en una escuela y, al morir, fue enterrado en ella
misma. Se convirtió en un lugar de peregrinación para muchos: para sus
discípulos y para quienes agradecían así la generosidad de aquel hombre para
con todos.
Del libro La aventura humana. Cuentos populares. Derechos humanos. Icaria editorial

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